Adiós a los call-tv

10.000€ por decirme un nombre de animal que empiece por «z» y acabe por «a». Y entonces entra una llamada que responde  a la pregunta: «¡sartén!». No es necesario estrujarse mucho el cerebro en este caso para saber a qué tipo de juego nos referimos: los «call-tv». Para muchos es el espacio televisivo con el que se han entretenido alguna noche en vela. Para otros tantos, se trata de una estafa clara.

ImageHaciendo un rápido repaso  a los últimos años, son distintos los concursos de este tipo que encontramos y que ofrecen un premio a cambio de acertar una adivinanza, acertijo o pregunta mediante la realización de una llamada telefónica a una línea 905 u 806. Es cierto que ya hace cosa de unos años, se hizo un gran barrido que eliminó de la parrilla televisiva diferentes formatos televisivos de este tipo. Sin embargo, y ante el asombro del sector, poco después proliferaron tantos otros de renovada imagen pero idéntico o muy similar funcionamiento que conviven, hasta la fecha, en la parrilla televisiva de muchas cadenas de televisión a altas horas de la madrugada.

Justo la semana pasada conocíamos la noticia. Entra en vigor la nueva Ley del Juego, publicada en mayo del año pasado en el BOE, que obliga a estos programas a proceder con una mayor transparencia. En primera instancia, el marco normativo exige de la obtención de una licencia de la Comisión Nacional del Juego, previo depósito de dos millones de euros en concepto de garantía, y de una tasa cifrada en 38.000 euros.

Ante esta medida, observamos rápidamente la despedida de algunos de estos programas, como es el caso de «Adivina quien gana esta noche» de Antena 3. En el caso de muchas cadenas, este tipo de espacios televisivos han sido sustituidos por espacios dedicados al tarot, que no entran evidentemente en la categoría de concursos y que se regulan de distinta manera.

Desde el sector se agradece siempre una regulación que permita trabajar en base a unas pautas claras, transparentes y que fomenten la competencia sana y leal. La regulación ha tardado en llegar, y por el camino han quedado algunos que a día de hoy se preguntarán qué hicieron mal ellos si al poco tiempo otros iguales seguían el mismo camino. En cualquier caso, ahora nadie tiene la excusa de una falta de regulación. De todos modos, el tiempo dirá si hecha la ley hecha la trampa, o si esta vez sí es definitiva la regulación de estos espacios que a día de hoy tienden a desaparecer.

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